A este hombre
muchas noches lo he besado,
me he adueñado de su cuerpo,
y sin pausa me he bebido su calor,
sus caricias, su silencio...
Sus manos, me han llevado a un mar profundo,
y me han bañado en aguas nuevas de deseo.
Dos frondosos bosques guardan en secreto
aquellos ojos, esos ojos de miel espesa
que se pega aquí en mi pecho,
cuando a 500 kilómetros lo amo,
lo acompaño o lo recuerdo.
De pronto por allí se me esconde,
y se va lejos, muy lejos,
a sus pueblos de hombre solo,
a sus pueblos de tormento...
y yo, solo espero,
espero a que vuelva alegre,
gracioso, mío, contento,
solo espero.
Sin verlo a este hombre yo lo siento,
y cuando me duermo entre sus brazos,
me entrego a la muerte de mis sueños,
donde mi vida se queda suspendida, entregada
a la felicidad, al abandono de ese momento.
Me prendo de su alma
y allí me quedo,
meciéndome en esta vida,
esta vida mía tan llena de su vida.
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